El conocimiento de uno mismo

El conocimiento de uno mismo

Debemos, pues, llegar al punto en que nos preguntemos, de un modo realmente serio y profundo, si alguien puede darnos la paz, la felicidad, la realidad, Dios, o lo que os plazca. ¿Puede esta búsqueda incesante, este anhelo, brindarnos ese extraordinario sentido de realidad, ese estado creador, que surge cuando realmente nos comprendemos a nosotros mismos? ¿El conocimiento propio nos llega mediante la búsqueda, siguiendo a alguien perteneciendo a determinada organización, leyendo libros, etc.? Después de todo – ¿no es así? – ese es el principal problema: que mientras no me entienda a mí mismo, no tengo base para el pensamiento, y toda mi búsqueda será en vano.

CONFERENCIAS PRONUNCIADAS EN OJAI, EN 1949

El difundir 
Y ustedes no tienen que difundir mis enseñanzas, porque si no se comprenden a sí mismos no pueden difundirlas. Podrán comprar y distribuir unos cuantos libros, pero eso no es, de ningún modo, tan esencial como comprendernos a nosotros mismos. Cuando se comprendan a sí mismos, difundirán la comprensión en el mundo, traerán gran felicidad al ser humano. Pero si difunden las enseñanzas de alguna otra persona, están generando más daño, porque entonces son meros propagandistas, y la propaganda no es la verdad.
Obras Completas

Toma VIII- Extracto 2

Comprender la diferenciar en ser un propagandista y difundir las enseñanzas
Por lo tanto, uno se interesa en el resultado, no en lo que tiene. Ustedes se interesan en cómo utilizarán lo que han obtenido y, de tal modo, se ocupan de la propaganda, de hablar, de transmitir sus convicciones instando a otros a adoptar el punto de vista de ustedes. Eso no tiene ningún valor, porque sólo desean que ellos lleguen al mismo punto de vista que a ustedes les ha producido satisfacción. La acción en sí no tiene, entonces, ningún valor en absoluto. Atraer a otras personas a cierto punto de vista, incitando a otros a obtener cierto resultado, es para mí responder a la formación de una secta. Al incitar a la gente a cierto punto de vista y al propagar ese punto de vista, ustedes se interesan no en sembrar lo que tienen, sino en el resultado de la siembra.
Si tenemos algo en nuestra cesta, si nuestras manos están llenas y la mente y el corazón son libres, nos interesamos en la siembra, no en el resultado que podamos cosechar. La mayoría de la gente, cuando anhela ayudar, es eso exactamente lo que busca: anhela un resultado. De tal modo, uno no se interesa en lo fundamental, que es la siembra, sino en lo que cosechará. Por favor, entiendan esto, porque escuchándolos a ustedes, escuchando las preguntas que me formulan, éstas me han mostrado que lo consideran todo desde un punto de vista sectario, desde el punto de vista de un grupo. Ustedes tratan de despertar a otras personas a cierto punto de vista, a cierto patrón, a cierto resultado que ustedes mismos alcanzaron, o consideran cómo habrán de diseminar eso que poseen. Todo esto, para mí, demuestra una mente muy limitada, y una mente semejante no puede seguir y comprender el movimiento veloz de la sabiduría.
J.Krishnamurti
El Arte de Escuchar
Obras Completas
La muerte… puede que sea eso que llamamos Dios

Cuando la muerte llega no pide permiso, llega y se lo lleva, le destruye en un momento. De la misma manera, ¿puede soltar por completo el odio, la envidia, el orgullo de la posesión, el apego a una creencia, las opiniones, las ideas, su particular forma de pensar? ¿Puede soltar todo esto en un instante? No existe un «cómo soltarlo», porque eso sería otra forma de continuidad. Soltar una opinión, una creencia, un apego o la envidia es morir; morir cada día, cada momento. Si terminan con toda ambición a cada momento, entonces experimentarán ese estado extraordinario de no ser nada, llegarán al abismo de un movimiento eterno, por así decirlo, se moverán por el filo del abismo, lo cual es muerte. Quiero saber todo acerca de la muerte, porque puede que la muerte sea la realidad, puede que sea eso que llamamos Dios, esa cosa tan extraordinaria que vive y se mueve, y aun así no tiene principio ni fin. – Krishnamurti, Obras completas, tomo XI

El amor, la muerte y el sufrimiento pertenecen a lo desconocido

Tan sólo conocemos fragmentos de esa extraordinaria cosa que llamamos vivir; nunca miramos el sufrimiento, excepto a través de la pantalla de los escapes; nunca hemos visto la belleza, la inmediatez de la muerte, sólo lo conocemos a través del miedo y la tristeza. Sólo es posible comprender la vida y el significado de la belleza cuando la mente percibe instantáneamente ‘lo que es’. Como saben señores, aunque los diferenciemos, el amor, la muerte y el sufrimiento son lo mismo, porque sin duda, el amor, la muerte y el sufrimiento pertenecen a lo desconocido. En el momento en que conocen el amor, dejan de amar. El amor está más allá del tiempo, no tiene principio ni fin, mientras que el conocimiento sí lo tiene, y cuando dicen: «Sé lo que es el amor», no lo saben, tan sólo conocen la sensación, el estímulo, conocen las reacciones del amor, pero la reacción no es amor. De la misma manera, no conocen la muerte; conocen las reacciones de la muerte y sólo es posible descubrir el pleno significado de la muerte cuando cesan las reacciones. – Krishnamurti, Obras completas, tomo XI

Uno y la sociedad

¿Cuál es la relación entre uno mismo y la desdicha, la confusión, en uno y alrededor de uno? Sin duda, esa confusión, esa desdicha no ha surgido por sí misma, usted y yo la hemos creado, no ha sido la sociedad capitalista, comunista o fascista, sino que usted y yo lo hemos creado en nuestra relación de unos con otros. Lo que uno es por dentro se proyecta hacia fuera, hacia el mundo; lo que uno es, lo que piensa, lo que siente, lo que hace en su vida cotidiana se proyecta hacia fuera, y eso constituye el mundo. Si uno es desdichado, está confundido, vive en caos interno, lo proyecta y eso constituye el mundo, la sociedad, porque la relación entre usted y yo, entre yo mismo y otro es la sociedad. La sociedad es el producto de la relación, y si nuestra relación es confusa, egocéntrica, estrecha, limitada, nacional, lo proyectamos y generamos caos en el mundo. – Krishnamurti, La libertad primera y última

Responsable de estos problemas

¿Es ese problema enorme del mundo suyo y mío, o es independiente de nosotros? ¿Es la guerra independiente de uno? ¿Es el conflicto nacional independiente de uno, el conflicto comunal es independiente de uno? La corrupción, la degradación, la desintegración moral, ¿son independiente de cada uno de nosotros? Esa desintegración está directamente relacionada con nosotros, por tanto, la responsabilidad es de cada uno. Sin duda, esa es la dificultad más grande, ¿verdad? O sea, para expresarlo de forma diferente, ¿debemos dejar el problema a los líderes, sean de derecha o de izquierdas, a una disciplina, a una ideología, a las Naciones Unidas, a un experto o especialista? ¿O es un problema que nos afecta directamente, lo cual significa, somos o no somos directamente responsables de estos problemas? Es evidente que esa es la dificultad, ¿no es cierto? – Krishnamurti, Obras completas tomo V

Lo que uno es eso es el mundo

La mayoría intentamos labrarnos nuestra propia vida privada en este mundo confundido y cruel, una vida pacífica en la que podamos ser felices y, aun así, vivir con las cosas del mundo. Según parece, pensamos que la vida diaria que llevamos de lucha, de conflicto, de dolor y sufrimiento, está separada del la desdicha y confusión del mundo externo. Al parecer, pensamos que el individuo, «uno», es diferente del resto del mundo con todas sus atrocidades, guerras y revueltas, desigualdad e injusticia, pensamos que es por completo diferente de nuestra vida cotidiana particular. Pero si miramos un poco más detenidamente, no sólo nuestra propia vida sino el mundo, vemos que uno, el vivir cotidiano, lo que pensamos y sentimos es el mundo externo, el mundo que nos rodea. – Krishnamurti, Conversaciones con estudiantes

Un cambio radical en la sociedad

Es evidente que un cambio radical en el ser humano, en uno mismo, producirá un cambio radical en la estructura y naturaleza de la sociedad. Creo que es necesario comprender con total claridad que la mente humana, con toda su complejidad y su mecanismo enrevesado, es parte de este mundo externo. ‘Usted’ es el mundo, y generar una revolución fundamental, no comunista o socialista, sino una clase de revolución por completo diferente dentro de la estructura y naturaleza de la psique y en uno mismo, producirá una revolución social. Debe hacerse, no en lo externo sino internamente, porque lo externo es el resultado de nuestra vida interna privada. Cuando se produce una revolución radical en la misma estructura del pensamiento, del sentimiento y de la acción, entonces, como es obvio, se genera un cambio en la estructura de la sociedad. – Krishnamurti, Conversaciones con estudiantes

La división entre hombre y hombre

¿Por qué existe, uno debe preguntarse, esa división: el ruso, el americano, el inglés, el francés, el alemán, etc., por qué existe esa división entre hombre y hombre, entre raza y raza, cultura y cultura, una serie de ideologías en contra de otras? ¿Por qué? ¿Dónde está esa separación? El hombre ha dividido la tierra en suya y mía, ¿por qué? ¿Es por qué tratamos de encontrar seguridad, protección en un grupo particular, en una creencia o en una fe concreta? Las religiones también han dividido al hombre, los han enfrentado, los hindúes, los musulmanes, los cristianos, los judíos, etc. El nacionalismo, con todo el desafortunado patriotismo, en realidad es una forma de glorificación, de enaltecimiento, de tribalismo. Ya sea una tribu grande o pequeña, existe esa sensación de estar en grupo, de tener la misma lengua, las mismas supersticiones, el mismo sistema político, religioso; uno se siente seguro, protegido, feliz, cómodo. Y para mantener esa seguridad, esa comodidad, estamos dispuestos a matar a otros que también tienen el mismo deseo de estar seguros, de sentirse protegidos, de pertenecer a algo. Ese terrible deseo de identificarse con un grupo, con una bandera, con un ritual religioso, etc., nos hace sentir que tenemos raíces, que no somos unos errantes vagabundos. – Krishnamurti, Diario II