• La percepción inteligente. Nuevo libro. 22-07-2014

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    La percepción inteligente consiste en catorce diálogos de los muchos que Krishnamurti mantuvo en la década de los setenta en la India con sus más estrechos colaboradores, con académicos, buscadores religiosos y otras personas interesadas en investigar temas existenciales. Estos diálogos no son preguntas y respuestas, ni siquiera un intercambio de puntos de vista. Forman un nuevo género de comunicación típica de Krishnamurti: un inicio tentativo, un profundo escuchar, un rechazo a las soluciones rápidas, en definitiva, un explorar que conduce a percepciones nuevas y profundas.

    - Colección: Obras de Krishnamurti
    - ISBN: 978-84-15968-80-1
    - Formato: 13,5 cm x 21 cm
    - Páginas: 328
    - N° edición:
    - Fecha publicación: 30/06/2014

    K: Seamos simples, señor. ¿Cuál es ese impulso que está detrás de cualquier deseo? Empecemos con eso. ¿Cuál es la energía que me hace desear? ¿Qué hay detrás de que ahora esté aquí? He venido aquí para averiguar de qué hablan ustedes, de qué versa la discusión; quiero descubrir algo. Aquí, el deseo consiste en descubrir algo diferente de mi habitual corriente de pensamiento. Bien, ¿qué es eso? ¿Es eso deseo? Entonces, ¿qué hay detrás del deseo que me hace venir aquí? ¿Es mi sufrimiento? ¿Es mi placer? ¿Es porque quiero aprender más? Ponga todas estas cosas juntas y, ¿qué hay detrás de todo ello?


    RB: La dificultad está en verlo con todos los…

    K: ¡Hágalo! Mire, actúan según su condicionamiento. Frente a una cobra actúan según su condicionamiento, según sea el condicionamiento de su pasado. La respuesta de su condicionamiento se basa en el premio y el castigo. Estos son los motivos: premio y castigo, todas las complicaciones del premio o del castigo. Ahora bien, viene alguien y dice: «Mire, pare por un momento, solo escuche, no discuta, no luche, no diga sí o no; solo escuche. ¿Puede ese movimiento detenerse, porque es el movimiento más peligroso? Como el cerebro se ha vuelto mecánico, genera separación, conflicto, guerras, y otras cosas más. ¿Se da cuenta de ese peligro? Si no ve el peligro, vamos a hablar de ello hasta que lo vea». Después de todo, esa gran parte animal que tienen dice: «Ten cuidado con la serpiente, a mi madre la mordió y murió. De modo que ten cuidado». Nos han transmitido eso. Lo mismo han hecho en esa otra dirección, con ese otro impulso. Y bien, ¿puede ver el gran peligro de esto? Al igual que cuando ve el gran peligro que supone el nacionalismo, lo suelta; no argumenta ni discute; es peligroso. Si veo el peligro de seguir a alguien, a un gurú, a un líder, a una idea, esto o aquello, se acabó, lo suelto. Lo dificultad es que estamos tan fuertemente condicionados que no escuchamos.


    K: Ese es el truco más fácil. Pregunto, ¿qué es meditación? ¿Escapar de «lo que es»? ¿Es eso meditación? Si trata de escapar, eso no es meditación. Así que regreso y examino mis celos. ¿Por qué soy celoso? Porque estoy apegado, porque creo que soy importante, etc. Todo este proceso es revelador. De modo que llego al punto: ¿es el examinador, el observador, diferente de lo observado? Es evidente que no. Por tanto, observar solo es posible cuando no hay un observador.


    K: Ni en la palabra ni en la propia revelación. Está completamente aparte.

    PJ: ¿Podemos investigar eso?

    K: Escucho a K y él habla del conocimiento propio, pone énfasis en conocerse uno mismo, en lo importante que es. Dice que sin conocimiento propio no existe ninguna base. Escucho lo que él dice, pero ¿de qué manera escucho esa afirmación? ¿La escucho como una idea, un precepto, una conclusión? ¿O, en el proceso de conocerme a mí mismo me doy cuenta de las implicaciones de la autoridad y, por tanto, lo que él dice concuerda con lo que yo descubro por mí mismo, y sigo avanzando? Si escucho la palabra y saco una conclusión de la palabra en forma de idea y persigo esa idea, entonces eso no es en sí mismo revelador; no es más que una conclusión. Sin embargo, cuando me estudio a mí mismo, cuando sigo mis propios pensamientos, etc., en ese caso, ¿no descubro por mí mismo todo lo que él dice? ¿Lo ven?


    [...] Mire, somos tan ansiosos con todo. Digo que no sé. Cualquier acción que haga será un error. Como estoy tan confundido, cualquier acción que haga será confusa. Así que digo, muy bien, permaneceré con mi confusión. Solo escuche. Permaneceré con mi confusión, no me moveré. Si me muevo, al estar confundido, todo lo que haga, será confusión. ¿Puede usted decir eso, de verdad? ¿Qué sucede, entonces? Estoy confundido, no sé. Los políticos dicen algo, los científicos dicen algo más, los gurús dicen esto otro, los libros dicen aquello, yo digo esto. Esa confusión es una pesadilla. Y cualquier cosa que haga sobre este terreno, sea lo que sea que crezca sobre este terreno, será confusión. ¿Lo ve como un hecho, o es una teoría? Esa es nuestra dificultad. Lo hemos convertido en una teoría, en una idea: «Estoy confundido». No dice eso cuando está hambriento, no convierte el “tener hambre” en una idea.